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Se dice que la sabiduría se gana con la experiencia y a pesar de que él no es muy mayor creo que es esa clase de personas que, con dos remedios, pueden ayudarte más que 2 especialistas médicos.

Hay un hombre que tiene una herboristería en “Els encants nous” de Sagrada Familia (L5) que me fascina y que durante una época de mi vida le visitaba casi a diario para comprar hierbas, soja texturizada o lo que fuera para escuchar un rato los consejos que daba mientras atendía.

Un verano empecé a tener brotes de sarpullido por todo el cuerpo. De primeras empezó sólo como picaduras en las piernas pero a medida que fue avanzando el tiempo empezó a extendérseme. Lo único que me aliviaba era la piedra de alumbre pues ni el talco calmaba mis ganas de arrancarme la piel. En una de esas me tocó ir a trabajar llena de rojeces. Por suerte, para mi, me vió un anestesista y decidió pincharme Urbason y mirar a ver la evolución que tenía.
No sirvió de mucho pues el brote volvió a los dos días con mucha más fuerza, algo que generó que mi jefe me llevara de urgencias para ver qué era. Tras dos horas en la Vall d’Hebrón, la intensivista de guardia me diagnosticó un sarpullido sin origen conocido y me mandó a casa. Hice lo posible para que una alergóloga me visitara y me dijera a ver qué podía ser. Tampoco obtuve demasiados resultados ni demasiado buen trato; me mandó a casa sin un alérgeno conocido y con una revisión de los conservantes y colorantes de las comidas que podía estar consumiendo para investigar por mi cuenta propia.
Tras eso, tuve un choque anafiláctico mientras comía sushi vegetal con mi pareja, en ese momento tenía cortisona en casa y me dio miedo que me volvieran a tratar como una hipocondríaca, y al empezar a sentir los pitidos me drogué e intenté calmarme, dándome un tiempo de tregua para evitar irme al Clínic.
Al día siguiente me fui de urgencias nuevamente para contarle al médico qué me había pasado y enseñarle las ronchas que tenía por todo el cuerpo de nuevo…y aprovechó para echarme una buena bronca.

La distribución de las ronchas me libraba de las zonas íntimas (¡un detalle!) pero me estrangulaba el cuello y los párpados cada vez más.

De la alergóloga de Hospitalet me fui a un digestivo de Sagrada Familia el cuál me biopsió pensando en una celiaquía o un reflujo y me hizo varias pruebas que todas dieron negativo.

En ese momento ya había perdido a dos especialistas que no sabían qué más decirme y con esto encima, con una incertidumbre de 6 meses de médicos, fue cuando empecé a visitarle para que me ayudase.
Parece que lo estoy pintando como un gurú pero la verdad es que muchas veces me parece tan respetable, que me parece salido de otro planeta.
Estuve contándole mi plan: dejar de comer, hacer un ayuno y empecé a meter alimentos poco a poco para ver qué era, dándole al cuerpo 3 días con 3 dosis para que pudiese reaccionar tras un ayuno de un par de días/tres y fue cuándo me explicó la depuración del Jarabe de Arce, algo que me pareció tan ideal dadas mis circunstancias y necesidades, que empecé a llevar a cabo mi plan.

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