Dieta según los grupos sanguíneos

A mis manos llegó, en 2005, un libro que aún a día de hoy sigue circulando entre mis amistades: “La dieta de los grupos sanguíneos”.

13620385_948198935292715_747428170045923918_nA mi me lo descubrió una tarde tonta de trabajo en Menorca; una compañera que me contaba cosas que chocaban bastante con mis conocimientos de biología y que, ante la solemnidad con la que me lo decía y, citando tan prestigioso médico, no pude discutir su veracidad.

Años más tarde, un pequeño amigo mío, Adrián, puso un comentario en un post que hacía referencia, nuevamente, a esa biblia volviéndome a recordar aquella situación y recordándome aquellas preguntas que en su momento me hice y que Natalia no me supo contestar pese a haberse estudiado el libro.

Os cuento la teoría y luego, quién se quede, la contra:

La dieta de los grupos sanguíneos es un plan de alimentación diseñado por Peter J. D’Adamo escrito en los EEUU en 1996.
Su prestigio se basa en su carrera como médico especialista en medicina natural, por su galardón como Médico del Año por la asociación Americana de Medicina Natural en 1990 y por ser fundador de la revista “The Journal of Naturophatic Medicine”.
Todos estos méritos son asociados a D’Adamo, el cuál, defiende que existen alimentos específicos (beneficiosos, nocivos o neutros) según el grupo sanguíneo que se posee.
Lo sé, algunos os habréis quedado catatónicos. Esperad un poco más a ver si llegamos del todo al éxtasis.

La dieta antropológica, basada en la evolución del ser humano y su alimentación, contempla pues el origen racial de la persona y detalla su dieta según su evolución histórica.

Existen, según Peter J. D’Adamo, cuatro grupos asociados a los distintos ABO’s:
– El 0 o cazador: el más primitivo –
Son consumidores de carne y grandes deportistas. Tienen un sistema digestivo resistente, el inmune activo y no toleran bien los cambios dietéticos.

El estrés debe de ser compensado con actividad física pues lo contrario puede generar alteraciones inflamatorias o autoinmunes.

– El A, el agricultor, el que según el libro más fácil tiene realizar una dieta vegetariana –
El segundo más primitivo, consumen granos, frutas y verduras. Tienen un sistema digestivo sensible y toleran bien los cambios dietéticos. Compensan el estrés con actividades de relajación, adelgazan con dietas vegetarianas  y están predispuestos a enfermedades cardiovasculares y diabetes.

– El B, el nómada –
Tienen un sistema inmune poderoso, un sistema digestivo tolerante, debe compensar el estrés con actividades creativas, adelgazará con el equilibrio entre actividad física y mental y está predispuesto a enfermedades autoinmunes.

– El AB o el “enigma” –
Según el libro es un misterio evolutivo y se adapta fácilmente al entorno. Su digestivo es sensible y su inmunitario es muy tolerante. Dice que responde mejor al estrés espiritualmente, expresado en energía física y actividades creativas.

Vale, bien: Esto es lo que expone el doctor.

Ahora: esto es lo que sabemos, a ciencia cierta, del sistema ABO.
Un grupo sanguíneo es una clasificación de la sangre de acuerdo con las características de la superficie de los glóbulos rojos (el 96% de la composición de la sangre).
Las clasificaciones más importantes para describir los grupos sanguíneos en humanos son los antígenos ABO y el factor Rh (que será positivo o negativo pero como no se menciona en la dieta, no hay nada más que decir).

Que se tenga uno u otro grupo sanguíneo depende las proteínas de membrana que expresen nuestros eritrocitos (o glóbulos rsistemaaboojos).
La herencia del tipo ABO es controlada por un único gen (característica) con tres alelos (posibilidades); es decir:
Un único gen podrá dar lugar a tres opciones: grupo A, grupo B, grupo O y la combinación de A y B darán AB.
Se sabe además que A y B son co-dominantes ante O, que es recesivo. El ejemplo más claro pasa en mi casa que, mi padre es O, mi madre es AB y mi hermano y yo somos B y A respectivamente. Al ser el O recesivo, mi hermano es B (aunque genéticamente sea B y O) y yo soy A (siendo genéticamente AO).

Que seas de un tipo tan sólo afectará a la composición de las cadenas de azúcares que rodean a tus eritrocitos pues a pesar de lo poco que se conoce de los grupos sanguíneos se sabe que una de las funciones de éstos azúcares en los eritrocitos es formar parte del glucocálix; una matriz de azúcar que rodea la célula y que la protege de daños químicos e invasión de patógenos. Pero pocas más funciones tienen.

¿Qué tiene que ver entonces con el sistema digestivo?
Podríamos empezar a pensar en las funciones de los eritrocitos primeramente:
La función de los eritrocitos es la de transportar el oxígeno por todas las partes del cuerpo. Los alimentos van, una vez han pasado por el sistema digestivo, en forma de moléculas sencillas por el torrente sanguíneo.
Cuando digerimos proteínas, las convertimos en aa (aminoácidos) sencillos o péptidos. Existen 80 aminoácidos de lo cuales, en proteínas están integrados sólo 20.
Así, a primera vista, poco roce tienen con los alimentos digeridos y pocas interacciones podemos otorgarles.

Pongamos la cosa en práctica: a ver si la cosa cambia.
Yo soy del tipo A; según el libro, mi organismo prefiere la verdura a la carne.
Vale, consumo filete y digiero a péptidos sencillos y aminoácidos, grasas, agua, minerales ,…

Preguntas:

  1. ¿Mi cuerpo reconoce la procedencia de la fuente de proteínas? Es decir, sabe diferenciar entre una proteína de origen animal de una vegetal? Al fin y al cabo, es a lo que mi digestivo reduce esos alimentos.
  2. Qué hace que me engorde más la carne que la legumbre? El tipo de grasa?
    La carne no tiene apenas hidratos de carbono que sería lo que podría almacenar como glucógeno en mis michelines… la grasa animal entonces se almacena más fácilmente? Sabemos que la carne apenas tiene hidratos y que a su vez, la legumbre es rica por lo que sería más obvio pensar que nos puede hacer subir de peso la legumbre mal estructurada en nuestra dieta.
  3. Y lo más importante, ¿Qué papel tiene aquí el grupo ABO de los eritrocitos? Cómo puede ser que interaccionen? No existe interacción posible.

Como bien hemos dicho antes, los grupos sanguíneos determinan el glucocálix de nuestros eritrocitos pero no establecen una facilidad o desventaja a la hora de absorber los alimentos y menos, de metabolizarlos.
Nuestro grupo sanguíneo no puede interferir sobre la dieta que debamos llevar;  Es como comparar la eficiencia de aislamiento de unas ventanas de doble cristal según el color de la pared de dónde esté colocada ésta.

Las dietas deben de ser personalizadas. Cada persona es un mundo, las necesidades alimentarias pueden ser establecidas bajo grandes premisas que serían: el número de comidas, los porcentajes de cada uno de los tipos de alimentos que debemos consumir y las proporciones semanales. Luego ya debemos entrar en qué necesita esa persona para tener una óptima nutrición según: el grado de actividad que tiene, sus gustos gastronómicos, su filosofía, su disposición a la hora de cocinar y su maña, sus insuficiencias/deficiencias o alteraciones asociadas,etc.

Si queremos hacer una dieta basada en… NADA, probad la dieta de los colores que al menos, es colorida y bonita y podríamos hasta combinar servilletas, platos, ropa… con cada comida. Esa la dejo para la siguiente caza.

😀

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